sábado, 7 de enero de 2012

La basura electrónica

Una de las más preocupantes formas de conciencia ausente en los habitantes del país es la referida al tratamiento y disposición final de la basura en todas sus formas. La ausencia de educación en este sentido provoca cada vez mayor contaminación de aguas y tierra, debido a que los desechos son vertidos y tirados indiscriminadamente a cursos y masas de agua y enterrados o dejados en cualquier lugar sin tomar en cuenta su tipo de componentes.

Las formas de recolección de residuos que aplican en su general los gobiernos municipales pasan solo por el recojo de materiales y su depósito en los llamados “rellenos sanitarios”, los cuales solo en casos contados y de algunas ciudades grandes tienen procesos contra la lixiviación, que provoca que los componentes peligrosos o tóxicos de la  basura penetren el terreno y lleguen a la fuente de agua subterránea. 

Asimismo, en el país no existen normas ni mecanismos adecuados para que estos elementos sean identificados correctamente por las personas y sean depositados adecuadamente. En estos criterios internacionales de clasificación existe basura inflamable, que puede producir incendios bajo ciertas condiciones; corrosiva, capaz de corroer metales de estanques de almacenamiento, contenedores, etc.; reactiva, que es inestable bajo condiciones normales y puede provocar explosiones, gases tóxicos, etc., y la tóxica, que es dañina o fatal cuando se deja en cualquier lugar.

Entre las experiencias para manejar adecuadamente algunos materiales se encuentra la recolección de desechos patógenos de los centros de salud y la recolección de pilas y baterías, prácticas que no tienen éxito total, en especial la segunda, pese a que fue promovida por campañas en ciudades como La Paz. Para revertir esta situación peligrosa para la salud humana y el medio ambiente, el Ministerio de Medio Ambiente y Agua presentó esta semana un anteproyecto de Ley de Residuos Sólidos que normará el manejo y disposición final de los residuos electrónicos y plantea que quienes importen, distribuyan y comercialicen estos productos acopien los desechos.

De acuerdo con un reporte del periódico La Razón (05-01-12) el documento plantea varios aspectos necesarios para el tratamiento de basura electrónica y, por ende, susceptible de convertirse en peligrosa por los componentes que tiene. Las partes interesantes radican en que los mismos importadores y comercializadores tengan la responsabilidad de ofrecer orientación y mecanismos para que los consumidores puedan deshacerse de los artefactos que ya no utilicen sin provocar riesgos. Al mismo tiempo, se plantea la instalación de lugares para el depósito adecuado de artefactos eléctricos y electrónicos, que conforman el conjunto en cuestión. Otro punto es la actualización de multas en caso de incumplimiento de las disposiciones, entro otros aspectos.

De hecho, como en toda norma que se pondría en práctica, tendrá que hacerse énfasis en la educación de la población para que adquiera la costumbre de separar los desechos, pero que a la vez tenga posibilidades de que éstos sean recogidos a tiempo y de manera ordenada, lo que significa mayor infraestructura e instrumentos para los gobiernos municipales y departamentales; por otra parte, debe incluirse procedimientos que no permitan la corrupción en los controles ni la evasión de responsabilidades.

La Gaceta Jurídica - La Razón

miércoles, 4 de enero de 2012

Reciclaje de basura

El primer diagnóstico sobre residuos sólidos en Bolivia, elaborado por la Dirección General de Gestión Integral de Residuos Sólidos, da cuenta de que en el país se producen anualmente más de 1,7 millones de toneladas de residuos sólidos y que sólo el 2,8% se recicla; ínfimo porcentaje que revela la necesidad de desarrollar una cultura adecuada para el manejo de la basura.

En efecto, el diagnóstico también señala que de los 337 municipios, apenas 29 cuentan con entidades municipales de aseo y/o unidades técnicas específicas que se encargan de los residuos sólidos, sólo nueve tienen reglamentos de aseo urbano y únicamente seis cuentan con un programa de manejo de desechos. Esto significa que cerca del 90% de los municipios maneja la basura como puede, sin ninguna responsabilidad, planificación o conocimientos técnicos.

Habida cuenta de este creciente déficit y sus nocivas repercusiones para el ambiente y el bienestar de las actuales y futuras generaciones, urge desarrollar una cultura sostenible sobre el manejo de residuos domésticos e industriales, actualmente ausente en nuestra sociedad.

Al respecto, la emulación del reciclado virtuoso de la naturaleza constituye una de las estrategias más efectivas y cada vez más desarrollada en el mundo, adoptada incluso por muchos de nuestros vecinos, pero todavía desconocida en el país. Cuando un organismo muere, la biosfera recupera su sustancia y la reinserta en la naturaleza a través de procesos evolutivos de reciclaje. Este ciclo mantiene el valor de los insumos sin perder su calidad ni desempeño.

Si bien los procesos industriales que emplean procesos de reciclaje no logran mantener el valor original de los productos; al menos reducen significativamente la basura que se genera. No obstante, la legislación boliviana vigente no estipula ningún tipo de incentivo o de compensación para aquellos sectores que adopten esta clase de procesos. Tampoco se     desarrollan campañas para promover, entre los hogares y empresas, las virtudes ambientales, sociales y económicas que devienen de esta metodología.

Asimismo, cabe señalar que una administración adecuada de desechos permite manejar los recursos dentro de la cadena de procesos productivos de una firma de manera mucho más eficiente. Esta estrategia, gestada en Japón, se basa en tres principios básicos: reducir (producir bienes que al final de su vida útil poseen suficientes insumos valiosos que hagan económicamente rentable y sustentable su recuperación); re-usar (ciclo de vida de productos más corto puede generar mayor eficiencia a nivel de insumos materiales que de productos); y reciclar (reconocer la necesidad de reciclar productos particularmente nocivos para el medio ambiente). Conceptos útiles, sencillos, fáciles de aplicar y que conllevan grandes beneficios, pero que en el país aún son desconocidos.

La Razón, editorial

domingo, 1 de enero de 2012

Pentatlón del hábitat

Pentatlón del Hábitat, el concurso anual de viviendas ecológicas, sociales y productivas, tiene un ganador. Es el arquitecto Pablo Mansilla, con su proyecto Arquitectura Fractal Sustentable, que pretende ser construido con una inversión de 70 mil bolivianos y con una superficie de 90 metros cuadrados. Éste une el concepto geométrico fractal y la propuesta ecológica, social, económica y espiritual de sustentabilidad, en una búsqueda por enlazar la sabiduría ancestral con la actual. Una edificación de transición “Una vivienda ecológica rural y semirural tiene que considerar los tres pilares de la sustentabilidad: lo ambientalmente sano, lo económicamente viable y lo socialmente justo. Los fractales son una herramienta gráfica para comprender cómo está constituida la naturaleza. Éste será el punto de partida para el desarrollo de un concepto arquitectónico que busque el relacionamiento de las técnicas tradicionales con las convencionales, es decir, la fusión entre el pasado y el presente”, comenta Mansilla.

Estas casas implican una transición entre la ciudad y el campo. Son proyectos autosuficientes, porque cada edificación debe resolver cinco necesidades básicas de una familia: techo, energía, trabajo, conocimiento y alimento. En esta búsqueda, Mansilla se dedicó al análisis de las viviendas del altiplano, “porque es una región donde las características de vida son muy difíciles por la alta gradiente térmica, las condiciones extremas del ambiente, la falta de servicios; y la casa podría fungir como un método para resolver esto”. Y se centró en la arquitectura chipaya, por sus construcciones que usan adobe como material térmico y forma circular, como “método de bioclimatismo que no se opone al viento y permite ventilarlas”.Una visión holística del mundoEn lo energético, el sistema se divide en agua y energía. El agua se recicla mediante filtros que tratan las aguas de los lavaderos de ropa y el lavaplatos. Se procesa la grasa, para pasar por diferentes cámaras y desembocar en especies de macetas de plantas que tienen la propiedad de fijar la materia orgánica en sus raíces. También existe tratamiento de aguas de lluvias, cuya recolección se realiza mediante tres sedimentadores; así, el agua se filtra y va a la cisterna para ser consumida. Los baños tienen recolectores y los desechos pueden ser usados para abono.

La vivienda cuenta con un panel solar, un aerogenerador (hélice) que produce energía y un biodigestor que procesa estiércol de animales para abastecer a la casa. A la par, el abono se emplea para el invernadero de producción agrícola, regado por el agua reciclada. Y, finalmente, hay una habitación adaptada como ambiente de trabajo. Todo esto implica “una visión holística e integradora del mundo, que permita a la humanidad trascender en su relación con la naturaleza y el cosmos y con su universo interno”, dice el arquitecto que espera armar el espacio en las afueras de la urbe alteña.

Bolivia genera al año 1,7 millones de t de basura y recicla sólo el 2,8%

Pañales desechables, botellas de plástico, cáscaras de frutas o verduras, papeles, bolsas y otros son parte de las más de 1,7 millones de toneladas de residuos sólidos que los bolivianos producimos cada año. De esa cifra apenas se reciclan 49.640 toneladas anuales (2,8%).  

El dato se desprende del primer Diagnóstico sobre Residuos Sólidos en Bolivia, elaborado por la Dirección General de Gestión Integral de Residuos Sólidos (DGGIRS) —dependiente del Ministerio de Medio Ambiente y Agua (MMAyA)—, que fue creada en 2009.  

“Este documento es muy importante porque nos muestra datos actuales sobre la generación de basura y la realidad del manejo de los residuos en Bolivia”, dijo el jefe de la DGGIRS, Rubén Méndez.

El diagnóstico fue elaborado por un equipo de consultores que visitó casi todos los municipios de Bolivia entre 2010 y 2011, y recabó información sobre la generación de basura y su disposición final.

Así, por ejemplo, se constató que el departamento de Santa Cruz es el mayor generador de basura en Bolivia, seguido de La Paz (ver apoyo).Pér cápita. Según el diagnóstico, en Bolivia 10,4 millones de personas  producen 4.782 toneladas de residuos sólidos por día. Es decir que la producción de basura per cápita promedio es de 4,5 kilos diarios.

Del total nacional diario, 87% (4.160 toneladas) se genera en el área urbana y el restante 13% (622 toneladas) en el área rural.

Sin embargo, cuando se hace un análisis según el índice demográfico,    la producción de desechos sólidos pér cápita varía, pues en capitales donde hay una población mayor a los 500 mil habitantes, la generación por persona  llega a 5,3 kilos por día.

En contraste, en las poblaciones donde hay menos de 2.000 habitantes, la producción de basura por habitante apenas es de 2,0 kilos diarios. 

 Del total de residuos sólidos que se generan anualmente en Bolivia (1,7 millones de toneladas), 55,2% son residuos orgánicos, 22,1% son desechos reciclables (papel, plástico, vidrios, metales) y el restante 22,7%  es basura no reciclable.

“Este dato es importante porque más de la mitad de lo que se genera en residuos podría destinarse al compostaje, que es un proceso biológico mediante el cual los microorganismos actúan sobre la materia biodegradable para obtener abono para el agro”, explicó Méndez. 

Sin embargo, los datos sobre cómo y cuántos municipios manejan adecuadamente la basura, hacen pensar que el aprovechamiento de los residuos orgánicos aún está  lejos.  

El diagnóstico señala que de los 337 municipios, apenas 29 cuentan con entidades municipales de aseo y/o unidades técnicas específicas que se encargan de los residuos sólidos, sólo nueve tienen reglamentos de aseo urbano y únicamente seis  cuentan con un programa de manejo de desechos. “Hasta el momento la mayoría de los municipios han manejado la basura como pueden, a veces por falta de recursos y sin ninguna responsabilidad”, lamentó el responsable del DGGIRS.

De los 337 municipios que existen en el país —otros dos fueron creados por ley, pero aún no tienen plena vigencia—, 298 (90,8%) disponen sus residuos a cielo abierto, sin control  ni manejo adecuado.

“Generalmente, en estos sitios hay todo tipo de animales y vectores, y se convierten en focos de infección. Sus aguas y los mismos residuos suelen ser los más contaminantes del medio ambiente”, señaló Méndez.

Otros 20 municipios (6,1%) tienen botaderos donde se realizan controles de basura y manejo con ingeniería y maquinaria pesada, y sólo diez municipios en Bolivia (3,1%) cuentan con rellenos sanitarios, que son infraestructuras que utilizan técnicas de ingeniería para disponer en forma segura los residuos sólidos.

Del total de desperdicios que se generan en todo el país, aproximadamente 45% es dispuesto en rellenos sanitarios, 18% se dispone en botaderos controlados y 37% en botaderos a cielo abierto. “A nivel poblacional, se estima que del total de población sólo el 34% es atendido con la tecnología de relleno sanitario”, señala el estudio del MMAyA.

El diagnóstico sobre manejo de residuos sólidos fue aprobado por el comité técnico del MMAyA, que analizó el documento y ahora está en etapa de impresión. Se prevé que este mes se difundirán los resultados.

“A partir de este punto vamos a aprobar las políticas para implementar un mejor manejo de los residuos sólidos. Por lo pronto hemos elaborado un proyecto de ley que esperamos que sea aprobado en los siguientes meses”, señaló Méndez, quien luego precisó que los lineamientos girarán en torno al concepto de manejo integral, que se inicia en la generación  y concluye en su disposición final.

Tres municipios tratan los lixiviados

De los nueve municipios que cuentan con rellenos sanitarios, sólo tres (La Paz, Santa Cruz y El Alto) han implementado tecnologías de tratamiento biológico y/o físico-químico para los lixiviados, que son los líquidos que resultan del proceso de descomposición de los desechos.

En Bolivia, sólo los municipios de La Paz, Santa Cruz, Oruro, Tarija, El Alto, Sacaba, Villa Abecia y Tarabuco cuentan con rellenos sanitarios.