domingo, 27 de noviembre de 2011

Ibnorca certificará las huellas de carbón

Por primera vez en Bolivia, las empresas e instituciones podrán medir el nivel de sus emisiones de gases de contaminación atmosférica. El Instituto Boliviano de Normalización y Calidad (Ibnorca) ya cuenta con 10 técnicos capaces de medir las emisiones de gases de efecto invernadero, conocidas como huellas de carbón, en todo tipo de actividad. Entre los beneficios se cuenta la identificación de uso de energías para una mejor planificación y ahorro.

La conciencia empresarial. El director ejecutivo del Ibnorca, Álvaro del Castillo, explicó que actualmente existe una mayor conciencia entre personas e instituciones para conocer el grado de emisiones de gases que generan con sus actividades.

“En particular, la huella de carbón busca identificar cuánto emite y, a partir de eso, qué acciones mitigatorias se realizan”.

Debido a que en Bolivia no había una institución que hiciera este tipo de mediciones, el Ibnorca buscó apoyo para ampliar su conocimiento sobre el tema.

La CAF brindó gran parte de los recursos para impartir un curso que permitió a los técnicos del instituto adquirir la capacidad de evaluar los informes voluntarios de emisiones que hagan las empresas industriales y de servicios, debido a que en Bolivia, las firmas no están obligadas a hacer estas mediciones.

La visión del Ibnorca. La directora nacional de Servicios Técnicos del Ibnorca, Verónica Sotomayor, explicó que toda acción, ya sea de una persona o empresa, puede  ser contaminante.

Por ejemplo, el uso de una computadora con pantalla LCD durante ocho horas por día genera, en un año, unos 400 kilogramos de dióxido de carbono equivalente (CO2eq). Esta medida surge de fórmulas con las que se obtiene el equivalente en masa (kilos, toneladas, gramos) de las emisiones de efecto invernadero por el gasto de energía, uso de aire, de combustible o de otros gases.

Por ejemplo, el vuelo de una persona de La Paz a Miami genera, en promedio, 800 kilos de CO2eq. Para compensar esas emisiones es necesario plantar dos árboles por año por el uso de la computadora, o cuatro por el vuelo.

MEDIR PARA MITIGAR. El representante de la CAF en Bolivia, Emilio Uquillas, explicó que el apoyo a esta iniciativa parte de la visión que tiene su institución para atender y, en lo posible, resolver temas medioambientales.

“Es como la responsabilidad social empresarial, ya que la responsabilidad con el medio ambiente encuentra una metodología especializada a través de esta cooperación. Las empresas van a poder formular un procedimiento formal, estandarizado, preciso, metodológicamente bien documentado, de lo que están haciendo por medir su huella de carbono, su generación de gases de efecto invernadero y, por otro lado, compensar y mitigar”.

El proyecto piloto. Para la certificación empresarial, el Ibnorca cuenta con la norma ISO 14064, según Sotomayor.

“Esta norma tiene tres partes. La primera está dirigida a lo que es la verificación de las organizaciones. La segunda es la de verificación de proyectos, y la tercera da los lineamientos de las organizaciones que verifican o validan estas mediciones”.
Actualmente, 12 empresas participan en el proyecto piloto, es decir que hacen sus propias mediciones y, después, se someterán a una especie de auditoría a cargo del Ibnorca. Los resultados se conocerán en marzo de 2012.

4 meses demandará el proyecto piloto para evaluar las emisiones de gases de efecto invernadero de 12 empresas.

Una lucha contra el mayor emisor: el chaqueo. El ingeniero Édgar Salas, de la CAF, señaló que entre las actividades que generan más emisiones de gases de efecto invernadero están las que se hacen a partir de combustibles fósiles. Sin embargo, en Bolivia, “el principal emisor de gases de efecto invernadero es la quema de bosques, el chaqueo”.

Adelantó que, en ese contexto, la CAF prepara un programa para evitar estos incendios con la cooperación de los gobiernos de Italia y Brasil.

Las frases

“Cualquier institución puede identificar cuánto emite y, segundo, ver qué puede hacer para reducir, para mitigar, esas emisiones”.

Álvaro del Castillo / DIRECTOR EJECUTIVO DEL IBNORCA

“Quisimos dar más herramientas a Ibnorca para que más empresas puedan ser certificadas y podamos reducir la emisión de gases de efecto invernadero”.

Emilio Uquillas / Representante de la CAF en Bolivia

“El cambio climático es un problema global y la ISO ha sacado la norma 14064, de cumplimiento voluntario, para la medición de emisiones de gases”.

Verónica Sotomayor / DIRECTORA DE SERVICIOS TÉCNICOS

La cara limpia del Choqueyapu está 30 km más arriba

En su nacimiento, el río bendice con turismo, alimento y actividades económicas como la extracción de la turba y la ganadería

Una laguna limpia, de un azul refrescante, bajo la mirada atenta del nevado Wilamankilisani. Parece la fotografía publicitaria de una marca de agua embotellada, pero es un lugar real a 30 kilómetros de La Paz: el origen del río Choqueyapu. Claro que, en el otro extremo, en la zona de Río Abajo, nadie lo reconocería, cuando su cauce luce marrón, arrastrando plásticos y otras basuras y despidiendo un aroma poco saludable.

Aquí arriba, en la pequeña comunidad de Chacaltaya, saben lo importante que es el agua para su supervivencia y economía. Sin embargo, antes de abandonar el cañón por el que transcurre para ingresar a la urbe, el Choqueyapu ya ha perdido la transparencia de su nacimiento, donde recibe el nombre de Kaluyo.

Pampalarama es el nombre de la laguna de postal. “Pampa” significa planicie en aymara y “larama” se refiere al tono de azul, característico de este embalse natural, que los habitantes de Chacaltaya plasman en sus aguayos. Éste es el primer punto de aprovechamiento del preciado recurso a lo largo del recorrido del Choqueyapu.

“El agua es todo”, asegura Roberto Poma, chacalteño y responsable de la empresa de turismo comunitario de este lugar. Su pueblo vive gracias al río. El albergue que hay a orillas de Pampalarama, y que lleva su nombre, es el emprendimiento más reciente gracias al cual la comunidad recibe nuevos ingresos. Los turistas, en su mayoría nacionales, acuden aquí por la tranquilidad del paisaje y por su encanto, protagonizado tanto por la laguna como por el nevado, todo ello con la banda sonora del río cayendo por las rocas. Además, en el estanque se puede practicar la pesca deportiva de la trucha arcoíris, que se ha insertado también en otras aldeas de la región como Patalarama o Saitokota.

A unos metros del albergue se levanta el laboratorio para la cría de alevines pero, lamentablemente, está en desuso. La trucha de Pampalarama únicamente se pesca y se consume aquí, aunque hay todo un mercado potencial unos kilómetros abajo. Pero, como señala Roberto, hace falta más gente interesada —de la comunidad— para llevar a cabo esta actividad económica.

Siguiendo el curso del río se llega a Chacaltaya, en la que viven alrededor de 70 familias. Por el camino se ve, a ambos lados, numerosas llamas y alpacas pastando solas. ¿Dónde está la gente? La mayoría de los hombres se encuentra en la mina cooperativista de estaño que habita en lo alto de una colina. Desde que subiera el precio de este mineral a principios de año, el interés de la comunidad está centrado en la actividad minera. Incluso, hay quien ha abandonado el cultivo de la maca, que es lo único que crece en esta zona, a pesar de su alta cotización. La mina atrae más.

Las mujeres, varios niños y algunos hombres están, cerca de la comunidad, sacando provecho de los bofedales que, hasta que vuelvan las lluvias, permanecen secos. Desde el camino se ve todo el ancho del cauce de color marrón carcomido por la mano humana. En algunos lugares se levantan montones de turba; en otros, hay agua embalsada de las recientes lluvias. Algunos pedazos de tierra se levantan varios metros del suelo, porque todavía no han sido arañados en busca del preciado abono. Por en medio de todo este panorama, unas figuritas se mueven afanosamente.

Desde arriba no es fácil hacerse a la idea de cuán grande es este lugar. Al bajar y caminar por su suelo gomoso y, a veces, quebradizo, es cuando se puede tener una concepción de esta explotación de turba que ya tiene más de 25 años. “Cuando llueva, nos iremos”, dice una de las trabajadoras que empuja una pesada carretilla.

Cada temporada, el agua vuelve a formar lagunas  que luego se secarán. Entonces, los hombres volverán con sus máquinas a motor construidas expresamente para ellos por los cerrajeros, para arrancarle al suelo la turba que luego, mujeres y niños, recogerán en carretillas y amontonarán. Las volquetas se llevan este material que en el invierno (época en la que se arreglan los jardines) se vende como abono en las calles de la zona Sur a 400 bolivianos la volqueta.

Río abajo, tras pasar por la comunidad Achachicala Centro, se llega a un pequeño puente que, se dice, fue construido durante el cerco a La Paz para inundar la ciudad. Atrás queda Achachicala Centro y aquí es donde el río recibe el nombre por el que se le conoce en la ciudad, Choqueyapu.

En este tramo, sobre las laderas de los cerros, es donde la gente de Chacaltaya tiene sus pequeñas tierras de cultivo. También se observa en ellos los efectos de la extracción de áridos que realizan algunos comunarios. Un poco más abajo, la Planta de Áridos San Roque, de Soboce (Sociedad Boliviana de Cemento), lleva a cabo la misma actividad pero de forma industrial. Los comunarios aseguran que sus camiones dañan el camino, pero la empresa dice que las relaciones con ellos son buenas.

De esta manera, el Choqueyapu, hasta que llega a La Paz, es aprovechado por un gran número de campesinos. Luego, su contaminación perjudica a otros miles.

Cómo llegar  Desde la Urbanización Autopista, pasar el barrio Limanipata hasta el cruce con la vía transoceánica. De allí, directo. Duración: 1 hora.

Reservas
Albergue: Centro de Información Turística, avenida 16 de Julio. Teléfonos: 2371044 y 75262604. Web: pampalarama.com.

Precios
Los paquetes varían por número de personas, días y actividades (caminatas, paseos en barca). Los precios van desde 98 bolivianos.

Cada CD debe reutilizarse

La comuna inició una campaña para sensibilizar a la población sobre la separación de los desperdicios y el reciclaje de los materiales.

El director de Calidad Ambiental de la Alcaldía, Efraín Fernández, informó que la biodegradación de un disco compacto (CD) demanda más de 200 años, debido a que es una combinación de varios metales, como aluminio, plata, níquel y oro, con plásticos (policarbonato), lacas (barniz) y tintes derivados del petróleo en capas delgadas.

Mencionó que, a diferencia de las baterías, que poseen materiales altamente contaminantes, los CD no son agresivamente contaminantes, pero que se debe evitar botarlos al basural o a la calle, porque pueden caer en aguas subterráneas y, a lo largo de los años, eso puede resultar perjudicial.

Deben ser reutilizados.  Fernández mencionó que la comuna inició una campaña destinada a la clasificación de residuos en origen, como el reciclado de botellas Pet, papel, cartón y plástico para volverlos a utilizar.

Explicó que todos los residuos plásticos inservibles son llevados a celdas especiales de los diferentes rellenos sanitarios de la ciudad, que fueron elaboradas con una técnica de impermeabilización, que permite controlar los líquidos o gases que emanan al cabo de determinado tiempo en el depósito, para que los materiales contaminantes no afecten al medio ambiente.

En cuanto a los estuches de estos discos, la mayoría están hechos sobre la base del cloruro de polivinilo (PVC), un plástico barato derivado de sustancias petroquímicas que son conocidas por la dificultad de su reciclaje, que está ligado a la alta incidencia de cáncer entre trabajadores y habitantes en los países donde se lo fabrica, como Estados Unidos, según una publicación de la agencia de noticias GAIA.

Por ello, el Director de Calidad Ambiental destacó que es necesario elaborar proyectos para realizar consultas de información, a fin de lograr posteriormente el compromiso de los municipios de implementar estrategias para informar sobre el grado de contaminación que provocan los plásticos.

Con referencia a las baterías, detalló que se elabora un proyecto para confinarlas transitoriamente mientras se consigue una industria capaz de reciclarlas. “De acuerdo con la tecnología, en otros países, las pilas se vuelven a procesar para su reutilización. Estamos viendo cómo almacenarlas transitoriamente para evitar que lleguen a cuerpos de agua y produzcan algunos niveles de contaminación”.

5 materiales son los que componen un disco compacto o CD, según el Director edil de Calidad Ambiental.

La frase

“La importancia, en algunos casos, reside en utilizarlos ingeniosamente. Hay muestras de que se pueden utilizar como adornos y no disponerlos como basura y así evitaríamos la contaminación del ambiente”.

Efraín Fernández / CALIDAD AMBIENTAL

viernes, 25 de noviembre de 2011

‘Hoy en día los derechos básicos a la tierra y territorio no son respetados’

 El Estado Plurinacional proclamado por la Constitución Política del Estado se basa en el reconocimiento de derechos especiales a los pueblos indígenas. El antropólogo Álvaro Díez Astete acaba de publicar un ‘Compendio’ sobre pueblos indígenas de tierras bajas (Amazonía, Oriente y Chaco) que incluye datos históricos y demográficos, pero sobre todo consideraciones sobre sus derechos y su realidad política y social. Sobre esos temas gira esta entrevista.

— ¿Cuáles son las características y los alcances del Compendio de etnias indígenas y ecoregiones que acaba de publicar?  

— Está compuesto de tres partes. La primera es un planteamiento teórico sobre la etnicidad indígena, las etnoregiones y las ecoregiones. La segunda, la central y la más amplia, es una descripción actualizada de las etnias de tierras bajas. Cada descripción comprende a su vez tres aspectos: primero, los datos básicos de cada etnia como la población, su ubicación geográfica y sus territorios comunitarios de origen (TCO); segundo, su situación histórico-política o dicho en otras palabras su etnohistoria y su situación política actual; y, tercero, su situación etno-cultural. La intención del Compendio es brindar al lector información pedagógicamente organizada.

— Uno de los aportes de su estudio es la introducción del concepto de ecoregión, ¿cómo debemos entenderlo?

— No podemos entender a los pueblos indígenas sino los comprendemos en el hábitat que ocupan; es un hábitat geográfico-político, pero no en el sentido tradicional de la división político-administrativa del Estado, sino más bien en el sentido de la posesión política del territorio. En el Compendio se plantea, siguiendo a autores como Rivera, Ibisch y Mérida, que en Bolivia existen ocho etno-eco-regiones. Esas ecoregiones son el fundamento práctico para comprender el hábitat de los pueblos indígenas. Sin embargo, hay que decir que la clasificación de esos autores es una clasificación bioecológica sobre la cual yo he hecho una lectura antropológica. Tres ecoregiones están en la Amazonía, dos en el Oriente y tres en el Chaco. A partir de esta clasificación también pretendo ver las diferencias ecoregionales que forman parte de las identidades de las etnias. Esta diferenciación eco-regional de las tierras bajas es importante, no había sido vista antes por la antropología.

— A esta altura, al parecer, la noción de territorio es inseparable de la de pueblo indígena…

— En la antropología boliviana ya no es posible hablar de las culturas —aymara, quechua, mojeña, guaraní, chiquitana o cualquier otra— sin hablar del territorio. No hay cultura sin una relación directa del quehacer cotidiano de los seres humanos con su hábitat. En el libro se explica que las 30 etnias de Bolivia (no 36 como propone muy sueltamente la Constitución Política del Estado) tienen diferenciaciones que provienen tanto de su relación con el medio ambiente cuanto de su historia política. Esta historia, por otra parte, es hasta el día de hoy una historia de opresión económica, política y cultural. En la última parte del libro trato este tema bajo el concepto de etnocidio.

— El reconocimiento de los territorios indígenas es un avance político y social...

— En 1990 se produce la gran Marcha por el Territorio y la Dignidad de los pueblos indígenas de las tierras bajas. Estos dos términos —territorio y dignidad— representan un mismo concepto: si los pueblos indígenas carecen de territorio su dignidad está radicalmente mellada. Por lo tanto, la sobrevivencia de los pueblos indígenas depende del territorio y de los recursos naturales que hay en ese territorio. Las luchas de los pueblos indígenas dieron lugar en 1996 a la promulgación de la Ley INRA que establece la creación de las Tierras Comunitarias de Origen (TCO), que expresan el carácter material y social del territorio, es decir, son su expresión política pero también su posesión física.

— A la luz de sus estudios, qué derechos indígenas merecen especial atención…

— El derecho a la autodeterminación, que se va a traducir en las autonomías indígenas, y el derecho a la consulta previa. Las autonomías indígenas son una cuestión muy difícil. Hay en día los derechos básicos a la tierra y al territorio no son respetados siendo que son la base fundamental de las autonomías. No puede haber autonomía sin un territorio y sin autodeterminación sobre él por parte de los pueblos indígenas. Por lo tanto, las autonomías indígenas están todavía en un horizonte muy lejano. Por otra parte, el derecho a la consulta previa figura en el artículo 30 de Constitución Política del Estado y en la legislación internacional. Significa que los pueblos indígenas deben ser consultados obligadamente por todo Estado cuando éste quiera ejecutar acciones de transformación del medio ambiente o de la vida social en las comunidades indígenas. La Constitución no deja lugar a dudas. Sin embargo, de una manera verdaderamente insólita, el Gobierno ha puesto trabas al cumplimiento del artículo 30 diciendo que la consulta no es vinculante. La Constitución es vinculante por sí misma. El Estado no va a poder ignorar el derecho a la consulta por su vigencia internacional, más allá de que ahora esté haciendo una burla grosera a la ley corta con la que se intentó solucionar el problema del TIPNIS.

— En su criterio, ¿cuál es el problema de fondo del TIPNIS?

— Es una clarísima muestra de que el Gobierno no ha podido concebir hasta ahora los contenidos conceptuales de sus propias declaraciones, las mismas que están, además, consagradas por la Constitución Política del Estado, como la defensa de los derechos de los pueblos indígenas sobre el territorio y los recursos naturales. Lo que el Gobierno proyecta como defensa de los pueblos indígenas es lo que hemos visto: la aberrante represión de la marcha indígena en Yucumo. El sentido de lo humano, al parecer, ha desaparecido para este Gobierno. Sólo así se explica el trato que da a las bases sociales y culturales que le dieron, precisamente, razón de ser, es decir los pueblos indígenas.

Perfil

Nombre: Álvaro Díez Astete
Profesión: Antropólogo
Nació: La Paz, 1949

Un especialista en pueblos indígenas de tierras bajas

Antropólogo y poeta de reconocida trayectoria. Se ha especializado en los pueblos indígenas de las tierras bajas de Bolivia. La investigación y publicación de su Compendio de etnias indígenas y ecoregiones se ha realizado en el marco de las actividades del Centro de Servicios Agropecuarios y Socio-Comunitarios (CESA) de cuyo consejo de investigación Díez Astete es miembro. Entre sus publicaciones antropológicas figuran: Las etnias en Bolivia (1993), Mapa étnico-territorial y arqueológico de Bolivia (con J. Riester, J. Albarracín y D. Pereira, 1995), Antropología de Bolivia, síntesis básica (1996), Amazonía boliviana: necesidades básicas de aprendizaje (2002), Percepciones étnicas sobre la coca en cinco ecoregiones de Bolivia (inédito).